Es bonito por que haces los domingos menos domingos, por que ya sabes, pasar un domingo entre tus brazos no es comparable a nada. Era bonito dormir sobre dos colchones tirados en el suelo. Ni siquiera en la más prestigiosa suite de París hubiera estado más cómoda que allí. Ni más feliz. Es bonito recordar la de comidas hechas en aquella cocina blanca (y medio negra a última hora). ¿Sabes? esa cocina ha sido el escenario perfecto para vernos crecer juntos. Las cuatro paredes han sido testigo de las miles de sonrisas, de los cientos de líos que hemos llevado, de las peleas, de los gritos, y sobretodo de los besos. Ha sido difícil, pero bonito. Y nunca jamas habría cambiado ni un sólo segundo de los que he pasado en cualquier rincón de ese trocito de casa. Lo bonito de verdad es saber valorar los pequeños detalles. Para mi vale más el beso que me dabas en la mejilla a mitad de una película, aunque la viéramos en una habitación donde no teníamos más que un ventilador y el portátil. Valía más que me prepararas las cenas más simples del planeta un viernes por la noche y lo comiéramos como si estuviéramos en el restaurante mas prestigioso de la ciudad.
Yo pienso que todas deben envidiarme por haber vuelto a mi casa con una bici en plena lluvia, bajo un paraguas y la cara más bonita bajo de mi, entre mis brazos y pedaleando. Me considero afortunada, porque a pesar de lo jodidamente puta que ha sido la vida estos últimos dos años, me ha demostrado que hay algo más valioso que todos los lujos del mundo. Y lo que me ha enseñado, es a darme cuenta de que da igual lo que él tenga, que ya te ha ofrecido lo más valioso que tiene, que es su tiempo. Y darte cuenta que prefieres un bocadillo de salchichas, tumbarte en su terraza a ver las estrellas y que te acompañe a casa dando un paseo, es lo mas alucinante de este mundo.
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