Sólo tengo medio corazón y es justo que también hablemos de él. Digamos que es enfadica (MUY), extresante, nervioso, inquieto, y aunque le haya costado más de un año asimilarlo, celoso. Asumir los errores no te hace débil. Pero sí humilde. Y ser humilde no es más que el primer escalón hacia el éxito. Aunque cada uno vea la escalera hacia su éxito personal de una manera distinta. Claro que he fallado, claro que he decepcionado, claro que he hecho cosas de las que me he quejado anteriormente. ¿Y qué? Eso no da derecho a nadie a hacerme daño. Eso no da derecho a que tenga que escuchar cosas horribles, y por lo tanto yo tampoco tengo el derecho de hacerle daño a alguien, ni a hacer escuchar cosas horribles a nadie que me haga daño a mí. Pero eso nos lo pasamos todos por el forro. A nadie le importa mandar a la mierda a alguien, ni decirle a alguien que no te hable más. Pero, y escucharlo? Y lo que es peor, asimilarlo? Las palabras son balas, y cada día lo tengo más claro. Y nosotros somos dianas. Y cuanto más nos conocemos más claro tenemos el blanco. Y qué triste es eso. Aunque para tristes las noches que pasamos en vela susurrando en voz baja cada puta sílaba de cada puta palabra que le hemos dicho a alguien y que ni siquiera pensábamos. Y claro, eso trae consecuencias. Pero no todos están preparadas para afrontarlas.
Por lo que cuanto antes empecemos a asumir que todos nos equivocamos, que querer está ligado con la apatía y que si no te pones en el lugar del otro es imposible el punto intermedio, antes podemos ir borrando el blanco de la diana y apuntando a otro lado. Que todos somos un poco guerreros. Pero hay guerras que nunca se superan...
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