La suerte puede convertirse en tacto cuando
sin venir a cuenta nos cogemos por los hombros
y vamos camino de comernos el mundo.
La suerte se convierte en oído
cuando os tengo tan cerquita mía
que mis tímpanos sólo recogen vuestra risa.
La suerte se vuelve gusto
cuando,como cada viernes, comemos
las mejores sobras de la nevera
en el sofá de la salita.
La suerte fue vista
desde el momento en que os pusisteis
entre mis ojos y mi camino.
La suerte es poder oler
con los ojos cerrados
y siempre saber que sois vosotras.
La suerte la conozco muy de cerca
desde hace mucho tiempo ya.
La suerte al lado vuestro no es más
que un invento de la gente
tras intentos fallidos de ser feliz.
La suerte sois vosotras.

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