No me gusta la tranquilidad
y nunca me ha gustado.
Por eso tú.
Siempre terremoto.
Ahora todo pesa más,
paradójicamente,
porque estoy más vacía.
Creía que la fluidez
eran siete letras
desvanecidas en el viento.
Ayer fluí,
y no quiero decir que me hicieron fluir
porque siempre hay malpensados
que no van a pensar que hablo de amor.
Hoy estoy aquí,
y tú no,
y ando bajo la lluvia sin paraguas
porque te recuerdo que me encanta.
Y vuelvo a casa
sin tener ni puta idea de como acabará el día
pero siempre se
que con ninguna herida más.
Bueno sí,
pero no son de guerra.
Y si son de guerra
bendita sea.
A lo que iba,
que al final siempre me olvido de mí.
Que
3sto es una despedida,
la verdadera
después de todos los intentos [tan] fallidos.
Hoy si que si.
Adiós.
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