miércoles, 18 de mayo de 2016



Siempre me ha gustado mucho leer y lo he hecho menos de lo que me gustaría. La tinta sobre el papel me ha enseñado un gran porcentaje de las cosas que hoy se. He sufrido el desamor de otras manos que se separan o la ausencia de personas que nunca han existido. He aprendido que a pesar de saber que algo no es real es escalofriante que se te congele la sangre mientras no cesas en pasar páginas. Lo del olor de los libros nuevos es otro tema. Admiro a todas aquellas personas que han sido capaces de llegar a los demás a través de su imaginación y que han hecho soñar a todos aquellos valientes que aún no saben que lo son. 
Ponerte ante un papel en blanco es como deshuesarte y exhibirte encima de la mesa para reordenarte a tu antojo aunque no sepas ni por donde comenzar. Yo no he sido de jugarme las venas por mostrar lo que crea tormenta en mí, ni de saltar desde un quinto para ver que huella dejo y usarla como pentagrama. Mi cabeza se ha ido lejos y ha comenzado a crear. Me ha hecho venirme a mi rincón y empezar a darle forma. No miento en lo que digo, pero no es mi verdad. Hace mucho tiempo que he dejado atrás todo lo que aquí ahora es presente, y en muchos temas viceversa. 
Es bonito ver que a alguien le gusta lo que dices y lo encaja en algún momento de su día. 
Es feo que alguien no sepa de que va todo esto y siempre malinterprete lo que digo. 
Y es reconfortante la sensación de plenitud que se siente al vaciar tu mente y llenarla de cosas positivas. 


A veces estamos hechos de un par de palabras; la mitad de ellas escuecen y la otra mitad curan.
Tú decides a que le das punta para empezar a trazar lo que queda por delante. 





No hay comentarios:

Publicar un comentario